No sólo TVE, la BBC y el resto de entes europeos meten la pata, toman decisiones estúpidas o tienen unos dirigentes que hace tiempo que deberían haber salido de sus direcciones. La Unión Europea de Radiofusión, también tiene su aquel.

La UER ha demostrado que Eurovisión es el show no deportivo más visto en Europa y ha aprendido a reinventarse. Pero todos cometemos fallos, y ni la UER ni Eurovisión son perfectos.

La primera cosa que la UER no hace ni ha hecho bien, es la política de banderas. Con la polémica con la Ikurriña, la UER dio el campanazo en España, causando un revuelo político que llegó hasta el Gobierno, la Embajada española en Suecia y a la Embajada sueca en España. Asimismo, salvo las banderas terroristas , fascistas y promotoras de ideologías totalitarias serían las únicas que deberían estar prohibidas. Un catalán debería ir poder ir con su estelada a Kiev en 2017 o un escocés con su propia bandera, pues representan ideas legítimas y democráticas.

Otra de las cosas que desprestigia al festival es su incipiente americanización. Cada vez más canciones pop un vocabulario vacío y una gramática pobre, que tratán los típicos clichés del amor.

Para continuar, cabe recordar que si estamos ante un Festival de música en directo.La UER debería promover el directo, no cada vez incluir más playback en las diferentes canciones. Eurovisión perdió mucho con la supresión de la orquesta, y sigue perdiendo con medidas como la limitación de artistas en esos escenarios inmensos, donde caben más de un centenar de personas.

Por último, relacionado con la americanización del concurso, recordar que las actuaciones no tienen por qué parecerse a videoclips y no deberían ser los participantes  que monten más espectáculo escalando por pantallas LED, comiendo fuego o haciendo piruetas imposibles.

Para analizar esto, podemos comparar la actuación de España 1995 (2º puesto) con la de Rusia 2016 (3º puesto).

Spain 1995- Anabel Conde, Vuelve conmigo

Russia 2016- Sergey Lazarev- You’re the only one

 

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