Escuchamos o leemos ciertas opiniones que nos dejan secos, malhumorados y desquiciados. Aun se puede ver como la gente critica gratuitamente, casi sin medir sus palabras.

Hoy hemos podido ver cómo la costumbre de llamar a lo diferente, friki. Una costumbre que va de la mano del Festival de música más grande del mundo. Aunque muchos lo piensen, no me refiero únicamente a ese artículo que hoy ha salido publicado en el diario ‘El Español’. Es algo mucho más genérico.

El cuñadismo en el terreno de Eurovisión es algo tan común y que todos tenemos tan asumido que ya ni nos resulta raro oír las típicas frases que dicen: ‘Veamos que friki mandamos este año’ ‘¿Pero la travelo esa puede ganar?’ ‘Te digo yo que todo eso está amañao, no ves que eso va entre vecinos’… Entre otras joyas del intelecto español.

Falacias fácilmente desmontables con un poco de conocimiento sobre la causa, por ejemplo, si las votaciones son cosa de vecinos: ¿Qué vecinos tiene Australia para haber quedado quinta y segunda en estos dos últimos años? Fácil y sencillo.

Otra pregunta que me surge, es, por qué la voz de la italiana Sor Cristina, maravilló a Italia; y por qué el Padre Damián es considerado ‘uno de esos frikis que pretende representar a España en Eurovisión’. Independientemente de cómo cante.

Puedo coincidir con que, un cura presentándose a una preselección nacional, tiene un impacto que no nos deja indiferentes, para bien o para mal. Pero todos nosotros deberíamos recordar la fina línea que separa la crítica constructiva del vil ataque.

España debería comenzar a asumir que no importa cómo vaya vestido o a qué se dedique nuestro próximo representante en Kiev. Importa la candidatura que llevemos, que deje a Europa boquiabierta y que, ganemos o no, nos sintamos orgullosos de quien nos haya representado.

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