En este ambiente eurovisivo, a veces parece que a los artistas se los mide por su carisma. Si no hacen promoción, se dice que son peleles de sus discográficas (que los hay), pero si la hacen y se llevan genial entre ellos, nos da por sacar lo competitivo de Eurovisión. En medio de este lío, aparece un fenómeno, un artista en mayúsculas, Salvador Sobral.

En una reciente entrevista concedida a El País, se mostró completamente sincero, sin capas, sin parecer una cebolla hinchada de ese carisma. Desnudo ante la opinión pública. Él es auténtico, como su canción. Si se desea escapar de ese incesante aumento de la música comercial y vacía, animo a todos que echéis un ojo a su discografía. También a la de su hermana, Luísa Sobral.

Y cabe darle gracias a ella, a Luísa, por darle el empujón necesario a Salvador para que se presentase al Festival da Canção RTP 2017No pensaba ganar dijo en aquella entrevista. Gracias Portugal por escogerlo. Sin ninguna duda, junto a otros artistas como Norma John o NAVI, ha salvado esta temporada eurovisiva de caer en lo comercial, en lo que vende.

Ojalá volviesen esos años en los que artistas, conocidos y desconocidos, cantaban por el placer de cantar, sin preocuparles tanto la multinacional musical que tenían detrás ni tampoco sus performances. Básicamente porque no había los medios de los que hoy sí que disponemos.

Salvador Sobral es uno de esos artistas, cantar le satisface, disfruta del escenario. No le preocupa tanto el ángulo de esta u otra cámara, escalar por pantallas LED… él mismo lo dice, ya de promoción le gusta hacer mil versiones diferentes y ¡viva la improvisación! Ojalá lo veamos en Kiev con alguno de sus originales arrebatos, tarareando la melodía, disfrutando de su canción y de su actuación.

Mientras todos no paran de hablar del milagro de la música sueca debido a ese Melodifestivalen cuya popularidad está en un aumento eterno, yo prefiero hablar del fenómeno Sobral, del fenómeno Norma John, del fenómeno Joci Papái… que rompen las reglas. Nos sacan de lo cotidiano. Nos sacan de esa música que entra más por los ojos, no por los oídos, pero que como da puntos, vale igual.

¡Viva la música que satisface al oído! Esa es la que debería dar puntos.

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