El día 14 fue eufórico para los portugueses: tras más de sesenta años y cuarenta y seis intentos habían ganado al fin el Festival de Eurovisión. Y no fue una victoria cualquiera, sino que los Sobral consiguieron la mayor puntuación de la historia del concurso. Ahora que toda la emoción se ha desvanecido, más de un portugués ha sacado la calculadora y se ha puesto a echar cuentas. ¿Y ahora qué? Eurovisión es un festival muy caro y además no es rentable en absoluto.

A pesar de lo que pueda parecer, las cifras no engañan: este año UA:PBC ha gastado más de 50 millones de euros en organizar el festival, de los cuales apenas se han recuperado 20. Lo mismo sucedió en años anteriores, con la excepción de 2013 ya que Malmö recuperó 18 millones de los 20 que se habían invertido.

Sin duda, esto preocupa a muchos ciudadanos corrientes del país luso. Portugal recibió un rescate financiero desde 2011 a 2014. A día de hoy, la situación económica se ha estabilizado, pero está lejos de ser una de las más punteras de Europa. Por ese motivo son muchos los que se llevan las manos a la cabeza cuando piensan en el déficit que conlleva Eurovisión, ya que podría conllevar tener que recortar presupuesto en otros ámbitos para hacer frente a los gastos.

Ante todo esto, RTP ha aceptado tomar las riendas de la organización del festival. No podía ser de otra manera, puesto que los portugueses han convertido Eurovisión en un orgullo nacional. Seguramente, el presupuesto será uno de los más austeros, pero a veces menos es más. Ahora solo queda esperar, con muchas ganas poder disfrutar del festival de nuevo en 2018. ¡Boa sorte, Portugal!

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