La delegación armenia para Eurovisión Júnior ha exigido a la Unión Europea de Radiofusión que investigue por qué falló el sistema de votación en línea. No es de extrañar, lo vivido ayer nos muestra de nuevo las debilidades de un concurso que nació herido.

A pesar de que no se han hecho oficiales las cifras de audiencia, se avecina un bajón de la misma: Europa occidental ya no está implicada con el concurso (a excepción de Portugal y Países Bajos) y en Italia se superan escasamente las treinta mil personas de audiencia desde la victoria del país. Sólo Polonia puede presumir de ser el país que aporta realmente algo al Festival ya que, desde su regreso, ha sido un éxito en el país.

De nuevo, tuvimos que presenciar cómo niños, niños, eran vestidos y cantaban canciones típicas de adolescentes e incluso de la edición senior. Canciones como la de Portugal sí que dejaban a relucir lo que era realmente: un festival de y para niños.

Además de los problemas ya conocidos del Festival, por los cuales TVE decidió retirarse hace más de diez años, estuvo esa gran metedura de pata que fue el nuevo sistema de votación en línea. El colapso del sitio web impidió que fuesen contabilizados los votos pertenecientes a la segunda ronda, los quince minutos de votación posteriores a las actuaciones en directo.

La UER no sólo no amplió el periodo de votación o anunció que no se podía votar. Siguió adelante con las votaciones tal y como si la gente estuviese votando, lo cual generó enfado, estupor y memes en las redes.

Además, la UER anunció con entusiasmo que se habían recibido sólo 330 000 votos, cuando no se menciona la cantidad de votantes y teniendo en cuenta que el número de personas elegibles para votar superaba los 100 millones.

Así, con este episodio de negligencia, Eurovisión Júnior continúa perdiendo credibilidad y queda tocado y semihundido.

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